Atronar o tronar es la expresión que se utiliza en el argot minero para definir el proceso de disparar con dinamita una capa de carbón cuando está muy dura y así poder extraerlo con mayor facilidad. Las huelgas que los mineros y otros trabajadores y trabajadoras protagonizan en 1962 y 1963, si bien no consiguen demoler el edificio de la dictadura, si consiguen tronarlo, hacer fisuras por las que colarse y crear los instrumentos para empezar a tirarlo.
Las huelgas mineras de 1962 en diversos puntos de España, el surgimiento de las primeras Comisiones Obreras estables en el Valle de Laciana y el impulso que vive la oposición tras estos acontecimientos, lo convierten en el acontecimiento más importante del movimiento obrero de postguerra. Por número, por extensión, por impacto y por revulsivo.
Ahí estaba la razón minera como un ariete fundamental dirigido una y otra vez contra las puertas de la fortaleza del Régimen, como expresaba Manuel Vázquez Montalbán. Quienes nos han estudiado desde fuera, como el británico Joe Forewaker, han llegado a la conclusión de que la democracia solo puede conseguirse, nunca se puede otorgar. Este libro habla de la gente que la hicieron posible:
no habla de la gente famosa y afortunada, sino del valor y del sacrificio de la gente corriente. Pretende devolver este pequeño fragmento de la historia democrática a las personas que la escribieron.
Describiremos el contexto económico, político y social de sus luchas, contextualizándolo en la lucha general frente a la dictadura. Pondremos piel, cara, rostro y sentimiento a sus protagonistas. Le daremos la palabra, recogiendo sus testimonios directos, a quienes se lo jugaron todo. Hombres y mujeres que para enfrentarse al franquismo tuvieron que luchar contra el miedo, un miedo que se masticaba, y se pusieron de frente, mirando en silencio a los ojos de la dictadura, gritando: Libertad.